Una web sin nombre propio no parece del todo tuya
La dirección es lo primero que la gente teclea, lo que va en la tarjeta y lo que aparece en Google. Mientras tu web viva en una dirección prestada, cada vez que la dictes por teléfono estarás explicando por qué no es la tuya.
El problema no suele ser querer un dominio: es el camino. Registrarlo en un sitio, apuntar los DNS en otro, esperar a ver si funcionó y llamar a alguien cuando no. En Speaksite ese camino entero está en una pantalla del panel.
Buscar y comprar, sin salir del panel
En Dominios escribes el nombre que quieres —o una palabra suelta— y te dice si está libre, con las extensiones más habituales a la vista para comparar de un vistazo. Cuando eliges uno, lo compras ahí mismo. No hay que abrir cuenta en otro proveedor ni copiar códigos de un panel a otro.
¿Ya tienes uno? Hay dos caminos, y son distintos
Mucha gente llega con el dominio ya comprado. Puedes hacer dos cosas, y conviene saber en qué se diferencian:
- Ya tengo un dominio: lo das de alta y lo usas para tu web, pero sigue registrado donde estaba. Ni compra ni transferencia: solo lo pones a trabajar. En el listado aparece marcado como externo.
- Transferir dominio: te lo traes a Speaksite, con el asistente que te pide lo que hace falta para el traspaso.
Los dos terminan igual de cara al visitante: tu web publicada en tu nombre. Cambian sólo en dónde vive el registro.
Los DNS sin tener que aprender DNS
Los DNS son la parte donde la gente se atasca, así que el panel trae los registros ya preparados. Tienes plantillas y ajustes previos para lo habitual —el correo, un servicio de terceros— y puedes editar los registros a mano si sabes lo que quieres. En la misma pantalla se gestionan los subdominios y las redirecciones, cuando quieres que una dirección lleve a otra.
El titular, el WHOIS y el historial
Un dominio tiene dueño y ese dato es tuyo: los datos del titular se rellenan y se corrigen desde el panel. Al lado tienes la consulta WHOIS para mirar cualquier dominio, y el historial de tu dominio para saber qué se le hizo y cuándo.
El dominio y tu web, atados
Un dominio suelto no sirve de nada: hay que decirle a qué web apunta. En la ficha del dominio lo conectas con tu proyecto y lo ves ahí escrito, igual que en el listado, donde cada dominio muestra el proyecto al que sirve. Si algún día quieres usarlo para otra cosa, lo desconectas desde el mismo sitio.
Los ajustes que evitan disgustos
La ficha de cada dominio trae los interruptores que en otros sitios hay que ir a buscar:
- Renovación automática: la causa más tonta de perder una web es que el dominio caducó sin que nadie lo mirara.
- Privacidad del WHOIS, para que tu nombre y tu dirección no queden a la vista de cualquiera.
- Bloqueo del dominio, que es lo que impide que se transfiera sin tu permiso. Se desbloquea cuando de verdad quieres moverlo.
- Servidores DNS propios, si necesitas apuntar a otro sitio.
Y a la vista, la fecha de registro y la de expiración, que es el dato que conviene mirar una vez al año.
Saber si está bien, sin adivinar
Cada dominio tiene una revisión de estado que te dice cómo va lo que le importa a tu web, y en el listado ves si está activo y cuándo expira. Si el correo de verificación se perdió, puedes pedir que se reenvíe desde ahí. Es la diferencia entre esperar a que un cliente te avise de que la web no carga y verlo tú antes.
Y si algún día te vas
La salida también está en el panel: hay un asistente para transferir tu dominio fuera de Speaksite. Que el camino de salida esté a la vista es la mejor prueba de que el dominio es tuyo y no nuestro. Te quedas porque quieres, no porque no sabes cómo irte.
Por dónde empezar
- Entra en Dominios desde tu cuenta.
- Busca el nombre que quieres y cómpralo, o usa Ya tengo un dominio si lo compraste fuera.
- Lígalo a tu proyecto y revisa sus DNS con las plantillas.
- Publica el sitio y compruébalo en la dirección nueva.
Cuando termines, tu web estará donde debe estar: en tu nombre, con sus DNS ordenados y con el papeleo del dominio en una sola pantalla.